Recuerdos y nostalgia por un amigo cuentacuentos
En el 2004 una de mis mejores amigas trabajaba para una productora de comerciales, para unas navidades estaban grabando un video en el que el protagonista era Armando Quintero Laplume, profesor de literatura, escritor, cuentacuentos y actor, uruguayo de nacimiento, venezolano por decisión.
Con su mágica personalidad cautivo a mi amiga, en la conversación, Armando comentó que era cuentacuentos, a lo que Érika le respondió: «yo tengo una amiga que también es cuentacuentos, ella ahora está contando en los Centros Comerciales». Él había oído de mí y yo había escuchado sobre él. Así que le dio su número para que yo lo contactara.
Sin pensarlo dos veces, a penas me dieron su número lo llamé. Quedamos en encontrarnos en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Yo conté para él, y él contó para mí. Fue un encuento, absolutamente mágico. De inmediato comencé a contar junto a Cuentos de la Vaca Azul, y como había estudiado en la UCAB (aunque no terminé la carrera de Psicología) pues también me uní a Narracuentos UCAB.
Compartir con Armando, ha sido de las mejores experiencias de mi vida como narradora oral. Crecer con sus sugerencias, en cada quedada para coordinar las sesiones, la selección de los cuentos, practicar, escoger el gesto que acompañe a la palabra, danzar al compás de cada historia. Generar los ritmos de las sesiones de cuentacuentos jugando con las voces y los estilos de cada uno de los integrantes del grupo. En fin, cada presentación llevaba su tiempo, su compartir, su posterior evaluación, y así todos crecíamos. Porque la practica hace al maestro.
Doy gracias porque a finales del 2021, un buen grupo de narradores venezolanos le preparamos, con todo el amor del mundo, un homenaje, nadie nos diría que al año siguiente se iría a contar cuentos, una vaca azul, en las praderas azules del cielo.
Hoy, en los primeros días del mes de diciembre, recuerdo con cariño y mucha nostalgia dos contadas navideñas. Una fue un 21 de diciembre en un galpón en el que estaban refugiadas, unas cincuenta familias damnificadas. La otra en el hospital de Niños J.M de los Ríos. La magia de los cuentos nos permitió regalar un lindo momento a familias, niños y niñas que estaban atravesando días muy duros, porque las buenas historias sanan. La Navidad nos recuerda, y conecta, con sentimientos y emociones como el amor, la solidaridad, la empatía, la compatía… Contar cuentos con otros, contar cuentos para otros es un regalo de amor.
Como no era suficiente recordar su calidez, pensando en extrañar su mensaje navideño, fue cuando volvía a estar presente, en un pequeño hallazgo, que permite corroborar: las personas que han sido importantes en tu vida, permanecen vivas en cada recuerdo, en cada evocación de lo compartido. Limpiando el correo encontré un mensaje de mi querido Armando Quintero Laplume, una respuesta, un complemento a una actividad en la que había aceptado apoyarme. Había organizado para el Pedagógico de Miranda José Manuel Siso Martínez unas Jornadas de Lectura, y lo había invitado para que junto a Linsabel Noriega; Olga Padrón Amaré y Norma González Viloria conversaran sobre: ¿Leer o contar cuentos?
Estoy segura que disfrutarán esta presentación que comparto en PDF, además de ser clara y concisa tiene ilustraciones inéditas de Armando, quien además, también era ilustrador. Un ser humano, muy humano, un artista integral. Doy gracias a la vida por haber coincidido con él, por haber contado junto a él, por haber sido inmensamente feliz siendo parte de Cuentos de la Vaca Azul.
Espero la disfruten y la aprecien.
Para cerrar esta publicación quiero dejarles un video en el que cuento dos de los cuentos que más me gustan de «Un lugar en el bosque» un hermoso libro de Armando en el que nos deja conocer y amar a una encantadora familia de lobos.


Aprender haciendo


